viernes, 23 de noviembre de 2012


El personal sanitario, los eternos ignorados


La política de personal del Ente ha sido tradicionalmente el escollo de los trabajadores. Durante décadas la dirección de Osakidetza se ha esforzado en tener el rostro más amable para los usuarios y la cara más dura para sus empleados. Los salarios y condiciones de trabajo han sido el mayor punto de fricción de la sanidad vasca. Nuestras relaciones laborales son una larga historia de duras negociaciones, imposiciones patronales, pleitos judiciales e incumplimientos de sentencias. Hemos conseguido más avances en los tribunales que en las mesas de negociación. Aún así, cada cambio de gobierno ha supuesto para los trabajadores el anhelo de mejorar y a menudo la constatación posterior de que siempre se puede estar peor.

La llegada del gobierno socialista abrió para muchos mayores expectativas. Otra ideología podría traer otros resultados. Pronto vimos que a Murphy no le importa cambiar de partido para seguir siendo Murphy. Un hecho emblemático lo resume: toda una legislatura de un gobierno nuevo no ha servido siquiera para establecer un Acuerdo de Condiciones de Trabajo del Personal.

La dirección de Osakidetza (Osakinini) con Julián Pérez Gil al frente ha mantenido vigente el caducado Acuerdo de 2007-2009 del gobierno y partido anterior utilizándolo en su provecho, como gozosa herencia cuando le ha sido útil, y renegando de él para aplicaciones más estrictas cuando le ha convenido, alegando que el antiguo Acuerdo “no es obligacional“.

Hemos tenido sucesivas direcciones de personal. Esteban Ruiz Alvarez, desde junio de 2009 hasta diciembre de 2010 mantuvo las directrices de Pérez Gil -nada por aquí, nada por allá- hasta que la situación se le hizo insostenible. Se fue a la dirección del servicio vasco de empleo Lanbide. Pero el cartero siempre llama dos veces y desde la subdirección de personal asturiana llegó al Ente, tierra de garimpeiros, Tomás Mendoza Carnicero en enero 2011. Aplicó la doctrina Pérez Gil durante año y medio, tiempo suficiente para volver a Asturias, ahora ya como director general.

Entre Pérez Gil, el gran culpable, y Rafael Bengoa, el gran responsable, los trabajadores de Osakidetza hemos sido ignorados y exprimidos con precisión digna de mejor causa. La Mesa Sectorial ha sido un foro surrealista y las tomaduras de pelo a los representantes de los trabajadores han superado incluso los ya elevados niveles anteriores. Si tiene que mantenerse la constante de otros vendrán que bueno te harán, no es en absoluto fácil imaginar el futuro.

La unidad de los trabajadores sanitarios y las movilizaciones se hacen imprescindibles si queremos frenar la degradación de nuestro trabajo. Años de lucha se pueden perder definitivamente si dejamos que la pócima de la crisis y el miedo nos anestesie. Salimos juntos o no salimos. Sabemos como luchar, porque llevamos toda la vida haciéndolo. Ahora hace más falta que nunca.

El personal sanitario, los eternos ignorados


La política de personal del Ente ha sido tradicionalmente el escollo de los trabajadores. Durante décadas la dirección de Osakidetza se ha esforzado en tener el rostro más amable para los usuarios y la cara más dura para sus empleados. Los salarios y condiciones de trabajo han sido el mayor punto de fricción de la sanidad vasca. Nuestras relaciones laborales son una larga historia de duras negociaciones, imposiciones patronales, pleitos judiciales e incumplimientos de sentencias. Hemos conseguido más avances en los tribunales que en las mesas de negociación. Aún así, cada cambio de gobierno ha supuesto para los trabajadores el anhelo de mejorar y a menudo la constatación posterior de que siempre se puede estar peor.

La llegada del gobierno socialista abrió para muchos mayores expectativas. Otra ideología podría traer otros resultados. Pronto vimos que a Murphy no le importa cambiar de partido para seguir siendo Murphy. Un hecho emblemático lo resume: toda una legislatura de un gobierno nuevo no ha servido siquiera para establecer un Acuerdo de Condiciones de Trabajo del Personal.

La dirección de Osakidetza (Osakinini) con Julián Pérez Gil al frente ha mantenido vigente el caducado Acuerdo de 2007-2009 del gobierno y partido anterior utilizándolo en su provecho, como gozosa herencia cuando le ha sido útil, y renegando de él para aplicaciones más estrictas cuando le ha convenido, alegando que el antiguo Acuerdo “no es obligacional“.

Hemos tenido sucesivas direcciones de personal. Esteban Ruiz Alvarez, desde junio de 2009 hasta diciembre de 2010 mantuvo las directrices de Pérez Gil -nada por aquí, nada por allá- hasta que la situación se le hizo insostenible. Se fue a la dirección del servicio vasco de empleo Lanbide. Pero el cartero siempre llama dos veces y desde la subdirección de personal asturiana llegó al Ente, tierra de garimpeiros, Tomás Mendoza Carnicero en enero 2011. Aplicó la doctrina Pérez Gil durante año y medio, tiempo suficiente para volver a Asturias, ahora ya como director general.

Entre Pérez Gil, el gran culpable, y Rafael Bengoa, el gran responsable, los trabajadores de Osakidetza hemos sido ignorados y exprimidos con precisión digna de mejor causa. La Mesa Sectorial ha sido un foro surrealista y las tomaduras de pelo a los representantes de los trabajadores han superado incluso los ya elevados niveles anteriores. Si tiene que mantenerse la constante de otros vendrán que bueno te harán, no es en absoluto fácil imaginar el futuro.

La unidad de los trabajadores sanitarios y las movilizaciones se hacen imprescindibles si queremos frenar la degradación de nuestro trabajo. Años de lucha se pueden perder definitivamente si dejamos que la pócima de la crisis y el miedo nos anestesie. Salimos juntos o no salimos. Sabemos como luchar, porque llevamos toda la vida haciéndolo. Ahora hace más falta que nunca.

El personal sanitario, los eternos ignorados


La política de personal del Ente ha sido tradicionalmente el escollo de los trabajadores. Durante décadas la dirección de Osakidetza se ha esforzado en tener el rostro más amable para los usuarios y la cara más dura para sus empleados. Los salarios y condiciones de trabajo han sido el mayor punto de fricción de la sanidad vasca. Nuestras relaciones laborales son una larga historia de duras negociaciones, imposiciones patronales, pleitos judiciales e incumplimientos de sentencias. Hemos conseguido más avances en los tribunales que en las mesas de negociación. Aún así, cada cambio de gobierno ha supuesto para los trabajadores el anhelo de mejorar y a menudo la constatación posterior de que siempre se puede estar peor.

La llegada del gobierno socialista abrió para muchos mayores expectativas. Otra ideología podría traer otros resultados. Pronto vimos que a Murphy no le importa cambiar de partido para seguir siendo Murphy. Un hecho emblemático lo resume: toda una legislatura de un gobierno nuevo no ha servido siquiera para establecer un Acuerdo de Condiciones de Trabajo del Personal.

La dirección de Osakidetza (Osakinini) con Julián Pérez Gil al frente ha mantenido vigente el caducado Acuerdo de 2007-2009 del gobierno y partido anterior utilizándolo en su provecho, como gozosa herencia cuando le ha sido útil, y renegando de él para aplicaciones más estrictas cuando le ha convenido, alegando que el antiguo Acuerdo “no es obligacional“.

Hemos tenido sucesivas direcciones de personal. Esteban Ruiz Alvarez, desde junio de 2009 hasta diciembre de 2010 mantuvo las directrices de Pérez Gil -nada por aquí, nada por allá- hasta que la situación se le hizo insostenible. Se fue a la dirección del servicio vasco de empleo Lanbide. Pero el cartero siempre llama dos veces y desde la subdirección de personal asturiana llegó al Ente, tierra de garimpeiros, Tomás Mendoza Carnicero en enero 2011. Aplicó la doctrina Pérez Gil durante año y medio, tiempo suficiente para volver a Asturias, ahora ya como director general.

Entre Pérez Gil, el gran culpable, y Rafael Bengoa, el gran responsable, los trabajadores de Osakidetza hemos sido ignorados y exprimidos con precisión digna de mejor causa. La Mesa Sectorial ha sido un foro surrealista y las tomaduras de pelo a los representantes de los trabajadores han superado incluso los ya elevados niveles anteriores. Si tiene que mantenerse la constante de otros vendrán que bueno te harán, no es en absoluto fácil imaginar el futuro.

La unidad de los trabajadores sanitarios y las movilizaciones se hacen imprescindibles si queremos frenar la degradación de nuestro trabajo. Años de lucha se pueden perder definitivamente si dejamos que la pócima de la crisis y el miedo nos anestesie. Salimos juntos o no salimos. Sabemos como luchar, porque llevamos toda la vida haciéndolo. Ahora hace más falta que nunca.

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